lunes, 31 de agosto de 2015

Memorias de un amigo imaginario de Matthew Dicks




Memorias de un amigo imaginario de Matthew Dicks



Budo lleva casi seis años vivo. Eso es mucho para un amigo imaginario. Max es un niño especial, vive para adentro. No le gusta que le toquen, no le gustan los cambios, no le gusta la gente. Un día Max tiene un secreto. Es su primer secreto y no quiere compartirlo con nadie, ni siquiera con Budo, su único amigo. Pero Budo no es un amigo imaginario cualquiera. Budo tiene suerte. Cuando Max lo imaginó, lo hizo con la capacidad de atravesar puertas y ventanas. Así que Budo puede ir y venir cuando le viene en gana, y eso le permite conocer el mundo, o al menos un mundo mayor que el que conoce Max, que sólo vive para adentro. Y a Budo no le gusta que Max tenga un secreto, porque sabe que algo pasa, sabe que algo no va bien. Pero cuando Budo descubre qué es ese 'algo' tal vez ya es demasiado tarde. Porque Max está metido en un gran lío y sólo Budo puede ayudarle. Pero Budo no sabe cómo y tampoco puede pedir ayuda porque, ¿quién puede escuchar a un amigo imaginario a excepción de su amigo imaginante?


Lo primero que llama la atención de esta historia es su original planteamiento. Pero "Memorias de un amigo imaginario" es mucho más que una novela original. Narrado en primera persona, es la voz de Budo la que nos guía por este 'vuelo' aparentemente imaginario. Y la voz de Budo, esa que en el mundo real sólo pueda ser escuchada por Max, no deja de ser la voz de un niño. Esto otorga a la narración un estilo sencillo, directo, en ocasiones divertido, y a la vez plagado de esas verdades como puños con las que nos suelen sorprender los más pequeños de la casa.


La novela rezuma ternura en todas sus páginas pero sin caer en sentimentalismos. Si bien al principio es Max el principal inspirador de este sentimiento, poco a poco Budo hará que sintamos por él auténtica devoción. Al final del libro el lector querrá llevarse a los dos a su casa. Pero no sólo niños y amigos imaginarios habitan en esta historia (sí, pajaritos, hay más amigos imaginarios a parte de Budo y os aseguró que os conquistarán), los personajes adultos también están magníficamente 'imaginados' por Matthew Dicks, autor de esta novela. ¡Los padres de Max son tan reales! ¡Están tan bien perfilados, con esa ambigüedad entre amor e impotencia hacia Max! ¿Y sus profesoras? Las señoritas de Max también están muy bien construídas, tanto "las que dan clase" como "las que juegan a dar clase".


Si no podemos poner ni una pega al estilo narrativo y a los personajes de "Memoria de un amigo imaginario", la trama tampoco se queda atrás. Es Budo quien nos cuenta esta historia, así que nosotros disponemos de la misma información que él y vamos descubriendo nuevos datos a medida que Budo avanza en su periplo para ayudar a Max. Sufrimos su angustia, su impotencia, sus dudas. Quisiéramos gritarles a los padres de Budo, a sus profesoras, pero no pueden escucharnos; quisiéramos gritarle a Max, pero ¡es tan difícil llegar a él!


Matthew Dicks se nos revela como un gran contador de historias. Porque este libro más que una novela es un cuento largo para adultos, una fábula moderna, y como tal tiene su moraleja que no moralina. "Memorias de un amigo imaginario" nos habla fundamentalmente de valentía y de pequeños héroes cotidianos, porque "para salir de casa cada día y ser tú mismo cuando a nadie le gusta cómo eres hay que ser supervaliente". Y en esta historia hay más de un héroe.


Max tenía un secreto. Yo tengo otro: Budo tiene miedo. Tiene miedo de desaparecer. Teme que cuando Max deje de creer en él y de necesitarle, deje de existir. Lo que no sabe es que mientras haya alguien que lea la historia del amigo imaginario más viejo del planeta y del niño más valiente del mundo, no podrá resistirse a creer en él y a imaginarlo una y otra vez. Y vosotros, pajaritos, ¿creéis en Budo?



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